Llegamos
el 14 de julio, fiesta nacional; no fue difícil encontrar el hotel, que estaba
a las afueras, bien comunicado y con aparcamiento privado.
Casi
todas las ciudades francesas tienen tranvía o similar; muy cómodo para los
desplazamientos. Los centros son peatonales.
Ciudad
con una elevada tasa de inmigración, que nos pareció un tanto descuidada y
sucia. Por la tarde dimos una vuelta y la ciudad, ornamentada con las banderas,
estaba “cerrada”. No nos pareció especial, aunque más tarde hemos oído hablar
de la existencia de una iglesia como la catedral de Santiago.
Nos
tropezamos con un combate tipo medieval y regresamos a casa, habiéndonos hecho
un poco de lío con los billetes del tranvía.
La
Cité es maravillosa. Está toda amurallada y en muy buenas condiciones. Se
encuentra organizada en calles concéntricas con un castillo en el interior.
Comimos
tarde, a la 16:00 o así, porque todo estaba cerrado.
Dos
días después de llegar a Toulousse, visitamos Saint-Cirq-Lapopie, un pueblo
enclavado en el río Lot, con vistas espectaculares.
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